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Location: Japan

Friday, October 28, 2005

El clavel rojo


Mariko tiene cuarenta años de edad, un divorcio y dos hijos. A los dieciséis años, cuando aún estaba en el koko, en la secundaria superior, ella ejercía o mejor dicho se beneficiaba con la práctica del enjo kousai, una suerte de relación de ayuda.

El enjo kousai es en realidad un eufemismo de prostitución que se da entre un hombre maduro y una estudiante menor de edad. Práctica que aún subsiste en Japón.

Por supuesto, sus padres no estaban al tanto de su doble vida. Ellos creían que Mariko, como todos los estudiantes de su edad, se ganaba un dinerillo extra trabajando después de salir del colegio en un McDonald s o en algún otro establecimiento de comida rápida.

Sus padres, con mucho sacrificio, le pagaban los estudios en uno de esos colegios exclusivos donde los estudiantes ricos suelen lucir prendas de marca como Versace, Louis Vuitton, Yves Saint Laurent o Gucci. Por ese motivo, Mariko, por no parecer menos que ellos, decidió rentar la tersura de su juventud.

Estuvo muy cerca de optar por la senda del oropel, de la vida fácil y regalada. Esa vida que le permitía en una tarde ganar el jornal de un día de cuatro oficinistas. Sin embargo, en cierta ocasión le ocurrió un extraño incidente que le enderezó el camino y que a continuación paso a relatar.

Un viernes por la tarde Mariko merodeaba por la estación de Shibuya con ese encantador uniforme tipo marinero que usan los estudiantes nipones. Se había citado a esa hora con un cliente. Llevaría ella en la mano y el cliente un clavel rojo en la solapa, tal como lo habían convenido en los e-mail que se remitieron. Ese sería el distintivo. Después acudirían a un hotel...

Años después, Mariko, convertida en madre de dos niños, me contó que el cliente del clavel rojo nunca acudió a la cita. Al menos eso creía. Esa noche, al volver a casa, más tarde que de costumbre, halló mientras sus padres dormían, un clavel rojo en el tacho de la cocina.

Su padre murió de cáncer hace algún tiempo. Nunca supo si era el hombre del clavel rojo. Nada en la conducta de su progenitor le hizo sospechar que podría tratarse de él. Cada vez que visita su tumba le deposite un ramo de claveles rojos. La persistencia de esas flores intriga a su madre.

¿No hay acaso otras flores más apropiadas?, le pregunta.


6 Comments:

Blogger Deva said...

¡Precioso y terrible!

3:13 AM  
Blogger María Guilherme said...

Has vuelto... :-)
un besito grande
A.

1:34 AM  
Blogger GUBIA said...

ESTOY DE ACUERDO CON DEVA PRECIOSO Y TERRIBLE,CREO UN OCCIDENTAL JAMAS ACTUARIA CON ESA SABIDURIA.

9:36 AM  
Blogger Hacker Fox said...

Excelente

6:02 PM  
Blogger mentecato said...

¡Buenísimo!

7:22 PM  
Blogger Ricardo said...

Felicidades muy,muy bueno .

1:16 PM  

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